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ORDENACIÓN DIACONAL

Una vez realizada la profesión solemne, y luego de discernir que su vocación lo llama al estado clerical, buscamos un Obispo para ser ordenados diáconos. Con ello, nos comprometemos a vivir en clave de servicio y caridad toda la vida.

Nuestras constituciones

A su debido tiempo
y tras las consultas convenientes,
los Superiores, con los candidatos,
harán discernimiento para concretar
el estado clerical o laical
al que cada uno es llamado. 
Después de la profesión solemne
los candidatos
se prepararán debidamente
a las Órdenes sagradas.

No. 118

LOS MOMENTOS DE LA ORDENACIÓN DIACONAL

Haz clic en cada pestaña para conoce más sobre el proceso que lleva una persona en esta decisión fundamental en su vida. 

El religioso escribe una carta dirigida al padre provincial, donde pide ser considerado para ser ordenado diácono. En ella, expresa brevemente su camino de discernimiento y su deseo de entregarse al servicio de la Iglesia, en especial de los niños y los jóvenes.

El provincial responde al religioso y lo acepta para que reciba el orden de los diáconos. Se busca entonces un obispo que pueda conferir el orden. Se procede a fijar la fecha de la Ordenación. También se busca el momento idóneo para que el religioso haga sus Ejercicios Espirituales.

El religioso elige un lugar y fecha idóneos para retirarse un tiempo, dedicado al silencio y la oración, preparando su corazón ante el paso desicivo que está tomando en su vida. Suele ser algún monasterio o casa de oración adecuada. 

Ya el día señalado, dentro de la Eucaristía, el padre provincial convoca al religioso por su nombre completo. Éste, puesto en pie, Es presentado al Obispo, pidiendo que sea ordenado diácono. El Obispo lo elige para recibir el sacramento. Toda la asamblea damos gracias a Dios por ello.

El superior provincial le pregunta al religioso por su deseo de consagrar su vida a Dios y al servicio de la Iglesia, por la Oración y la Imposición de Manos del Obispo, proclamando la Palabra, atendiendo al Pueblo de Dios con su servicio humilde y amoroso, conservando una vida de oración y siguiendo el ejemplo de Cristo en todo momento. 

La Asamblea entra en un momento especial de oración por el religioso para que Dios lo ayude a vivir con pasión durante toda la vida con la gracia del Sacramento que está a punto de recibir. Todos invocamos la ayuda de los santos, pedimos la misericordia de Dios y la presencia de su Espíritu Santo. 

El momento crucial. El religioso, puesto de rodillas delante del Obispo, recibe la gracia del Espíritu Santo a través de la imposición de las manos del Obispo. Se trata de un ritual que hemos heredado de la tradición de la Iglesia desde los primeros tiempo y que se hace en silencio. 

El Obispo hace una oración para consagrar a Dios a quien se ordena diácono. Pedimos el Espíritu Santo y su ayuda divina para que pueda vivir en clave de servicio y caridad, que colabore con la construcción de la Iglesia, Pueblo de Dios y sea siempre un testimonio de Cristo cercano y solícito. 

Una vez que se ha revestido con la dalmática, vestidura propia de los diáconos, el recién ordenado recibe el Evangeliario para que sea su sustento. Se pide que leyendo, crea; creyendo, enseñe; y enseñando, viva según el Evangelio.